lunes, 24 de febrero de 2014

Parashá: Pekudei: HAJEXBÓN, BEVAKASHÁ (A conta, por favor)





Na paraxá desta semana continuamos coa adecuación do Tabernáculo e a descrición dos ropaxes de Aarón. A porción describe con minucioso detalle todos os ornamentos que debe levar como Sumo Sacedote e tamén a configuración da Arca no recinto sagrado.
Sen embargo, a sidrá fai outra descrición minuciosa nada máis comezar:
“Este é o reconto do gastado para o Tabernáculo (Mixkán), o Tabernáculo de Testemuña, segundo a conta efectuada por Moisés e baixo a dirección de Itamar, fillo do sacerdote Aarón. (...)
Todo o ouro empregado na obra sagrada ven de ofrendas que suman vintenove talentos e setecentos trinta xekels sagrados. E a prata da congregación censada sumou cen talentos e mil setecentos setenta e cinco xekels sagrados (...)”
(Xemot, 38:21-25)
A Torá fai un análise comprensivo dos cartos gastados no Tabernáculo. Non hai confianza na xefatura de Moisés? Sí, é certo que esa desconfianza xa se manifestara unhas cantas veces no pasado, polo que no debería sorprendernos. O que si  é sorprendente e que en textos que rondan os tres milenios de antigüidade atopemos o que tanto ansiamos nos tempos de hoxe: as contas claras.
Non importa que falemos dunha asociación, dunha keilá ou dos orzamentos nacionais do país no que vivimos. O colectivo que sustenta o proxecto ten dereito a saber canto diñeiro se recaudou e en que se gastará. En politoloxía, chamamos “accountability” (prestar contas) á responsabilidade que teñen os dirixentes dun determinado goberno polas súas accións e á capacidade dos non dirixentes de controlar que estas accións se axustan ao determinado. Moi bonito na teoría, pero, como podemos comprobar a diario no xornal, dista moi lonxe da realidade práctica. As estafas, os abusos, a falta de transparencia e o aproveitarse da información confidencial son feitos que están á orde do día, como se o pudor que puidese espertar nas conciencias dos nosos dirixentes, grandes e pequenos, fose afogado sen contemplacións polo pensamento de “así son as cousas”

Temos unha palabra en hebreo,“Jexbón”, que é a chave no que respecta a pedir contas, tanto se te comiches un filete de tenreira no restaurante ou se queres analizar os orzamentos públicos. Precisamente, a nosa tradición fala dun “Din VeJexbón”, unha xustificación persoal ante un tribunal  que analizará a nosa “accountability”, a nosa responsabilidade coas nosas vidas (“Jexbon Hanefex”,a conta da nosa alma. que facemos máis intensamente cada Kippur). Xa podemos acender as velas de Xabat tódalas semanas ou repudiar toda combinación de Jalaví (lácteos) e “Basarí” (Carne) nun mesmo prato...que o primeiro que preguntará o tribunal será “fuches honesto nos tratos comerciais?”

Xa sexa para adecuación do Tabernáculo, ou para levar as contas da comunidade de veciños, os xudeus estamos obrigados a ter presente sempre o noso orzamento vital, a nosa responsabilidade, sexa a un nivel ético ou económico, político ou moral. E por suposto, temos o deber de pedir a “jexbón” cando cremos que as cousas non se fixeron ben e poñerlle solución se está na nosa mano (Tikkun Olam).

Con la licencia de http://xudaismoengalego.wordpress.com/

jueves, 20 de febrero de 2014

Parashá Vaiakhel




Parashá Vaiakhel
Moshé transmitió a los bnei Israel los detalles de las órdenes del Señor relativas al Santuario y sus contenidos, pero primero enfatizó la santidad del Shabat, durante cuyo transcurso está prohibido efectuar cualquier trabajo. Cuando se les pidió que contribuyeran al fondo de construcción del Santuario, los benei Israel respondieron muy generosamente y cada individuo donó todo lo que pudo. Las mujeres capacitadas tejieron el material de lino. Los príncipes de cada tribu ofrecieron piedras preciosas para el pectoral, así como también aceite y especias para el incienso. Algunas mujeres donaron incluso sus espejos de cobre bruñido para la jofaina y su jarra.
Moshé hizo especial mención del hecho de que Hashem había elegido a Betzalel, de la tribu de Iehudá, un hombre sabio, comprensivo y de experiencia, para supervisar los detalles de la construcción. Fue ayudado por Oholiav, de la tribu de Dan, que eran un grabador y tejedor talentoso.
Las contribuciones para la construcción del Santuario fueron tan abundantes, que los trabajadores llegaron a informar que tenían más material del que necesitaban. Pronto, sección por sección, el Santuario y su contenido comenzaron a tomar forma. Se pidió entonces al pueblo que interrumpiera las donaciones.

Parashá Pekudei
Por orden de Moshé fueron calculados los gastos totales de la construcción del Santuario. La obra fue inspeccioanda y aprobada por él mismo, que luego bendijo al pueblo por su aporte a ese magnífico logro.
El primer día del mes de Nisán, casi un año despues de la partida de los judíos de Egipto, fue erigido el Mishkán bajo la supervición personal de Moshé, y los elementos fueron dispuestos en su interior en el orden prescripto.
Una nube cubría el Mishcán, que estaba rodeado por la glora de Hashem. Cada elevación de la nube indicaba el deseo de D-s de que los israelitas continuarán su viaje. 

Lilmod ULelamed
 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Vaishlaj (Genesis 32:4 - 36:43)




En el viaje de regreso a su hogar, temiendo por la seguridad de su familia, Iaakov envió mensajeros al hermano con una propuesta conciliatoria, pero ellos volvieron con la noticia de que Eisav se estaba aproximando con cuatrocientos hombres armandos. Iaakov temía ahora que Eisav tratara de llevar a cabo su intención de matarlo (ver parashat Toldot). Preparándose para lo peor, dividió a la gente y sus bienes en dos campamentos. De esta forma, si un campamento era atacado, la gente del otro tendría oportunidad de escapar. Iaakov eligió ese momento de gran temor para rogarle a Hashem que lo salvara de las manos de su hermano. También envió a Eisav una cantidad de valiosos regalos, confiando en apaciguarlo.
Iaakov llevó a sus esposas e hijos y los ayudó a cruzar el vado de Iabok. Luego supervisó el paso de todas sus pertenencias. Cuando se disponía a cruzar aparecío un individuo que comenzó a luchar con él, y ambos estuvieron forcejeando hasta la madrugada. Este individuo, que según explican Jazal, era, efectivamente, el ángel que represtna a Eisav y sus descendientes en el cielo, no pudo vencer a Iaakov, pero consiguió herirlo en un muslo. Iaakov logró sujetarlo y rehusó liberarlo hasta que recibiera de él una bendición. Su deseo le fue concedido: el ángel lo bendijo y le aseguró que de allí en adelante sería conocido por el nombre de Israel. Este cojeaba al alejarse del lugar en que había tenido lugar la lucha. Es por esta razón que hasta hoy en día no comemos el guid hanashé (tendón del muslo) de ningún animal.
Cuando Iaakov vio a Eisav aproximarse junto con sus seguidores ubicó a cada hojo cerca de su respectiva madre. Primero fueron Bilha y Zilpa y sus hijos. Luego, Lea y sus niños y, finalmente, Rajel y Iosef. El propio Iaakov se acercó a Eisav al frente de su familia, inclinándose siete veces durante el camino. Fue entonces cuando courrió un milagro. Eisav, al contemplar toda la escena y ver a Iaakov haciendole reverencia, se sintío muy conmovido, corrió hacia su hermano y lo besó. Los dos comenzaron a llorar: la promesa de D-s sobre la seguridad durante el viaje de regreso se había cumplido.
Iaakov se seaparó del hermano y llegó a Shjem. Allí compró tierra, alzó su tienda y construyo un altar en agradecimiento al Señor.
El príncipe de Shejem secuestró a Dina y la obligó a vivir con él. Ninguno en Shjem protestó por esta conducta inhumana. Shimón y Leví fueron a la ciudad, rescataron a su hermana y luego castigaron al culpable, a todos los cómplices y a los que habiendo podido ayudar a Dina, no lo hicieron.
Por mandato de D-s, Iaakov regresó a Bet-El, donde construyó de nuevo un altar como expresión de gratitud al Señor, Quien se le apareció y le renovó Su promesa de darle la tierra a él y a sus descendientes. Iaakov vertió luego vino y aceite sobre el altar que había erigido en su viaje a la casa de Laván (ver parashat Vaietzé).
Cuando la familia hubo abandonado Bet-El y estuvo cerca de Bet-Léjem, murío Rajel al dar a luz a Biniamin. Fue sepultada allí y Iaakov erigió un monumento sobre su tumba. Finalmente, Iaakov llegó a Jevrón, donde se reunío con su padre. Itzjak murió a la edad de ciento ochenta años y fue sepultado por sus hijos Eisav y Iaakov.
Eisav se había convertido en un hombre muy rico y no había suficiente tierra en Canaán para sus rebaños y los de Iaakov. En consecuencia, Eisav se reasentó con su familia en el monte Seir, en Edom, una tierra que sus descendientes habitaron por muchos años.
Lilmod ULelamed

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Vaietze (Genesis 28:10 - 32:3)




En su viaje desde Beer Sheva hasta Jarán, Iaakov llegó hasta el monte de Moriá y durmió allí toda la noche. En una visión entre sueños observó ángeles que ascendían y descendían por na escalera apoyada sobre la tierra, cuya parte superior llegaba hasta el cielo. Hashem apareció entonces ante Iaakov y le prometió quela tierra sobre la que estaba descansando le sería entregada a él y a sus descendientes, y que él retornaría a su hogar bajo Su protección. Al despertar, Iaakov ungió y consagró la piedra que había colocado bajo su cabeza como un altar a D-s. Prometió que cuando regresara al hogar de su padre ofrecería al Señor un décimo de todas las posesiones que El le otorgara y que regresaría a rezarLe en el altar recientemente consagrado.
Iaakov llegó a un pozo de agua en un campo situado en los umbrales de Jarán. Observó que tres rebaños de ovejas y sus pastores se habían concentrado alrededor del pozo y estaban sentados, ociosos. Iaakov se acercó a ellos y les preguntó: "¿De dónde son uds.?"
"Somos de Jarán", fue la respuesta
"¿Conocen a Lavan, el hojo de Najor?", continuó Iaakov.
"Lo conocemos. Y allí esta Rajel, su hija, viviendo con las ovejas", señalo uno de los pastores.
"El día es largo aún; no es momento de reunir a las ovejas. ¿Por qué no les dan uds. agua y las llevan a pastorear al campo?", preguntó Iaakov.
"No podemos, hasta que no se reúnan los rebaños y todos los pastores juntos hagamos rodar la piedra de encima del pozo. Recíen entonces podremos darles agua a las ovejas", explicaron los pastores.

Mientras estaban conversando, Rajel se acercó con las ovejas de su padre. Cuando Iaakov la vio se acercó al pozo, hizo rodar la pesada piedra con una sola mano y le dio de beber a las ovejas de Laván.
Entonces dio a conocer a Rajel su relacion familiar. Ella fue presurosa a avisarle al padre la llegada del visitante. Lavan dio la bienvenida a Iaakov, quien estuvo de acuerdo en trabajar para él como pastor durante siete años, para poder casarse con Rajel, de quien se había enamorado. Lavan consintió, pero después que los siete años hubieron transcurrido, engaño a Iaakov sustituyendo a Rajel por Lea bajo el palio nupcial. Su excusa por esta engañosa maniobra fue que Lea era mayor y, en consecuencia, debía casarse primero. Iaakov no tuvo alternativa y aceptó la situación. Poco después se casó también con Rajel, pero bajo la condición de que trabajara otros siete años para Laván.
Hashem vio que Lea no era tan bien queria como Rajel. Por lo tanto, hizo que aquella tuviera hijos, en tanto que Rajel permanecía estéril. Aquella dio a luz a los primeros cuatro hijos de Iaakov: Reuvén, Shimón, Leví y Iehudá. Rajel, al no tener hijos, siguió el ejemplo de la abuela de Iaakov, Sará, y le ofreció a Iaakov su sirvienta Bilha como esposa. Bilha le dio a Iaakov sus dos hijos siguientes, Dan y Naftalí.
Lea observó que había dejado de tener hijos y tambíen le dio a Iaakov su sirvienta Zilpa como esposa. Zilpa concibió a Gad y Asher. La propia Lea dio a luz a dos hijos, Isajar y Zevulún. Tambíen fue madre de una hija llamda Dina. Luego Hashem recordó a Rajel, escuchó sus plegarias y dispuso que engendrara a otro hijo, al que llamó Iosef.
Con la ayuda de Hashem, Iaakov se convirtió en un hombre muy rico. Al advertir los celos de los hijos de Laván y la actitud fría de éste, decidió que era tiempo de abandonar el lugar. En ausencia de Laván, Iaakov tomó a a sus esposas, sus hijos y sus rebaños y emprendió viaje rumbo a su hogar. Antes de que salieran, Rajel, sin que Iaakov lo supiera, robó los ídolos del padre. Ella suponía que de esta forma evitaría que practicara la idolatría. Tres días más tarde, Lavan fue informado de la partida de Iaakov, salió a perseguirlo y lo alcanzó en la montañas de guilad. Hashem se apareció ante Laván en la noche durante un sueño, y le advirtió que no tratara de influir sobre Iaakov pra que regresara a Jarán. Laván echó en cara a su yerno el haber partido tan precipitadamente y lo acusó de robar los ídolos. Iaakov negó el robo pues ignoraba que Rajel era culpable, y declaró que cualquiera que hubiera robado los ídolos moriría. Lavan conmenzo una busqueda metódica entre todas las pertenencias de Iaakov, pero Rajel los habían escondido bien yla busqueda de Lavan resultó infructuosa. Entonces Iaakov y Lavan se separaron despues de cerrar un acuerdo de paz.
Iaakov y su comitiva continuaron su camino. En su viaje el patriarca encontró angeles del Señor en un lugar al que denomió Majanaim (grupos).
En esta parasha se menciona el nacimiento de los shvatim (tribus). Ellos son : Reuven, Shimon, Leví, Iehuda, Isajar, Zevulun, Dan, Naftalí, Gad, Asher, y Iosef. El nacimiento de Biniamin es mencioando en la parashat Vaishlaj.
Lilmod ULelamed

viernes, 9 de agosto de 2013

Parashá Shoftim(Deuteronomio 16:18 -21:9)




Moshé procedió a repasar las normas necesarias para asegurar las condiciones de una sociedad civilizada. En cada ciudad debían nombrarse jueces y funcionarios locales, y la justicia debía ser administrada correcta e imparcialmente. En consecuencia, un juez tenía prohibido mostrar parcialidad o aceptar sobornos. Si un juez local encontrara un caso muy difícil de resolver, debía derivarlo a una autoridad superior, es decir, a los cohanim y la Suprema Corte, con asiento en el Santuario. Su decisión era definitiva y la negativa a acatarla podía ser castigada con la muerte.
El pecado de idolatría, determinado luego de una amplia investigación, era castigado con la muerte por apedreamiento. El acusado no podía ser condenado por el testimonio de un solo testigo. Se requerían por lo menos dos, los cuales eran los primeros en llevar a cabo la ejecución.
Moshé vaticinó que llegaría el tiempo en que los judíos desearían que los gobernara un rey, como ocurría con otras naciones. Cuando esto sucediera, el rey debería ser un israelita nativo elegido por D-s. No debería abusar de su poder para acopiar muchos caballos, mantener un harén o acumular grandes riquezas, y tendría que escribir una copia de la Torá, de modo que fuera temeroso de D-s y observante de la Ley.
Después de enumerar los presentes que debían recibir los sacerdotes para su sostén, Moshé dispuso que si un cohén de otra ciudad llegara al Santuario, se le permitiría oficiar junto con los demás cohanim y obtener parte de los obsequios que estos recibían.
La Torá prohíbe todas las formas de superstición y "magia" practicadas por un adivino. Israel no tenía necesidad de recurrir a tales trucos pues el Señor le proveería de inspirados profetas surgidos de entre los propios israelitas. Ellos debían comunicarles la voluntad de D-s. Los falsos profetas que hablaran en nombre de ídolos debían ser castigados con la muerte. El falso vidente podía ser descubierto al no cumplirse sus predicciones.
La remoción de un mojón para ampliar una propiedad era considerada robo. Antes de que alguien pudiera ser convicto de un crimen, su acto criminal debían ser confirmado por dos testigos, por lo menos. Si se descubría que un testigo había levantado falso testimonio, debía recibir el castigo destinado a la víctima inocente.
Los israelitas no debían atemorizarse antes de entrar en batalla contra un enemigo poderoso, pues el Señor los protegería. Tres categorías de hombres estaban exceptuados del servicio militar: el que recién habían construido una casa y aún no la había inaugurado; el que habían plantado un viñedo pero no había alcanzado a disfrutar de su producción, y el recién casado.
Antes de atacar una ciudad hostil, Israel debía tratar de negociar una entrada pacífica, en cuyo caso los habitantes se convertirían en sus subordinados. Sólo si este intento pacífico fracasara, podía emprenderse la guerra. Si Israel venciese, todos los hombres del ejército enemigo serían ejecutados, pero sus mujeres e hijos serían dejados con vida. No debían destruirse los árboles frutales durante un asedio si había otros alimentos disponibles, a fin de que continuaran beneficiando a los nuevos habitantes de la ciudad conquistada.
Si se encontraba en el campo el cuerpo de una persona asesinada y no se podía descubrir al asesino, la responsabilidad por el asesinato recaía sobre la ciudad más cercana a la escena del crimen. Como expiación, los jueces y ancianos de la ciudad, actuando en nombre de los demás habitantes, debían sacrificar una vaca joven en un valle no cultivado por el que pasaba una corriente de agua. Entonces debían lavarse las manos en presencia de cohanim, atestiguar que de ningún modo eran responsables por el asesinato y rezar solicitando el perdón del Señor.
Lilmod ULelamed

jueves, 1 de agosto de 2013

Parashá Ree (Deuteronomio 11:26 – 16:17)


Nos adentramos en el libro de Deuteronomio, Devarim. Moshé, en la antesala de su muerte sigue recordando, resumiendo, contando a la generación que está por ingresar a Israel, la tierra prometida.
   Dentro de los numerosos temas que abarca esta Parashá quisiera puntualizar al menos dos. D´s promete al pueblo que ingresará a la tierra de Canaán, Israel. Y les dice “No vinieron hasta aquí, a descansar ni a recibir plácidamente la tierra que D´s te da” Deuteronomio Cap. 12 Vers. 9. Es decir podemos pensar que al ser el pueblo elegido, y al recibir e  ingresar a la tierra prometida, sólo tenemos privilegios. O que serlo y recibirla son un fin en sí mismo.
El objetivo de haber salido de Egipto, fue recibir la Torá e ingresar a Israel, pero con objetivos mucho más simples y ambiciosos. Comprometernos con nuestra ley, identidad, humanidad. Si no cumplimos con lo anterior entonces no nos vamos a asentar en nuestra tierra a perpetuidad, ni con seguridad. Llevado a nuestros días, el Estado de Israel, nuestra Mediná, de la cual sentimos profundo orgullo, no es un fin en sí mismo, sino un medio para que podamos “letakén olam vemaljut shadai”, mejorando el mundo comprometidos con D´s, es decir con nosotros mismos, y con nuestra identidad. Obviamente es un sueño hecho realidad, sobre el cual cantamos en el Hatikva.
Nuestra existencia, nuestra comunidad, nuestro Israel, son una bendición. Debemos ser conscientes de lo que tenemos. Pero mucho más aun de para qué lo tenemos o lo añoramos durante tanto tiempo.
Tenemos una misión. Nuestra mera existencia no es el fin. Vivamos seguros, seguros de comprometernos por un país mejor, una comunidad más viva, un Israel ejemplo para las naciones, un mundo más justo. Esa seguridad es la que nos exige nuestra Torá, D´s.
Somos responsables de cumplirla.

Rab Dr. Fabián Zaidemberg

GALEGO

Penetrámonos no libro de Deuteronomio, Devarim. Moshé, na antesala da súa morte segue recordando, resumindo, contando á xeración que está por ingresar a Israel, a terra prometida.
Dentro dos numerosos temas que abarca esta Parashá quixese puntualizar polo menos dúas. D´s promete ao pobo que ingresará á terra de Canaán, Israel. E dilles ?Non viñeron ata aquí, a descansar nin a recibir plácidamente a terra que D´s dáche? Deuteronomio Cap. 12 Vers. 9. É dicir podemos pensar que ao ser o pobo elixido, e ao recibir e ingresar á terra prometida, só temos privilexios. Ou que selo e recibila son un fin en si mesmo.
O obxectivo de saír de Egipto, foi recibir a Torá e ingresar a Israel, pero con obxectivos moito máis simples e ambiciosos. Comprometernos coa nosa lei, identidade, humanidade. Si non cumprimos co anterior entón non nos imos a asentar na nosa terra a perpetuidad, nin con seguridade. Levado aos nosos días, o Estado de Israel, a nosa Mediná, da cal sentimos profundo orgullo, non é un fin en si mesmo, senón un medio para que podamos ?letakén olam vemaljut shadai?, mellorando o mundo comprometidos con D´s, é dicir connosco mesmos, e coa nosa identidade. Obviamente é un soño feito realidade, sobre o cal cantamos no Hatikva.
A nosa existencia, a nosa comunidade, o noso Israel, son unha bendición. Debemos ser conscientes do que temos. Pero moito máis aínda de para que o temos ou o añoramos durante tanto tempo.
Temos unha misión. A nosa mera existencia non é o fin. Vivamos seguros, seguros de comprometernos por un país mellor, unha comunidade máis viva, un Israel exemplo para as nacións, un mundo máis xusto. Esa seguridade é a que nos esixe a nosa Torá, D´s.
Somos responsables de cumprila.



PORTUGUES


Nos adentramos no livro de Deuteronomio, Devarim. Moshé, na antessala de sua morte segue recordando, resumindo, contando à geração que está por ingressar a Israel, a terra prometida.
Dentro dos numerosos temas que abarca esta Parashá quisesse puntualizar ao menos duas. D´s promete ao povo que ingressará à terra de Canaán, Israel. E diz-lhes ?Não vieram até aqui, a descansar nem a receber placidamente a terra que D´s te dá? Deuteronomio Cap. 12 Vers. 9. Isto é podemos pensar que ao ser o povo eleito, e ao receber e ingressar à terra prometida, só temos privilégios. Ou que o ser e a receber são um fim em si mesmo.
O objectivo de ter saído de Egipto, foi receber a Torá e ingressar a Israel, mas com objectivos bem mais simples e ambiciosos. Comprometer-nos com nossa lei, identidade, humanidade. Se não cumprimos com o anterior então não nos vamos assentar em nossa terra a perpetuidad, nem com segurança. Levado a nossos dias, o Estado de Israel, nossa Mediná, da qual sentimos profundo orgulho, não é um fim em si mesmo, senão um médio para que possamos ?letakén olam vemaljut shadai?, melhorando o mundo comprometidos com D´s, isto é conosco mesmos, e com nossa identidade. Obviamente é um sonho feito realidade, sobre o qual cantamos no Hatikva.
Nossa existência, nossa comunidade, nosso Israel, são uma bênção. Devemos ser conscientes do que temos. Mas bem mais ainda de pára que o temos ou o sentimos falta durante tanto tempo.
Temos uma missão. Nossa mera existência não é o fim. Vivamos seguros, seguros de comprometer-nos por um país melhor, uma comunidade mais viva, um Israel exemplo para as nações, um mundo mais justo. Essa segurança é a que nos exige nossa Torá, D´s.
Somos responsáveis de cumprí-la.

Rab Dr. Fabián Zaidemberg

miércoles, 24 de julio de 2013

Ekev (Deuteronomio 7:12 - 11:25)






Ekev (Deuteronomio 7:12 - 11:25)


Ciertas veces para cumplir la Ley hay que desobedecerla. A cualquier abogado de tendencia conservadora o a cualquier legalista esta frase le resultaría particularmente problemática. Sin embargo, entiende la tradición judía, que para salvar a la ley en su totalidad ciertas leyes particulares deben ser anuladas en un momento imperante. El sabio Reish Lakish, comentando un versículo de Parashat Ekev, dice (Talmud, Menajot 99a): Hay ocasiones donde la supresión de la Torá se convierte en su fundamento.  Hay veces que para poder observar la Torá, la misma debe ser anulada.
La tradición judía, lleva más de 3500 años acumulando costumbres, tradiciones y normativas. Las mismas involucran casi la totalidad de la vida de un judío. En tiempos de normalidad el sistema legal judío, la halajá, funciona con fluidez sin demasiados “conflictos”; mas cuando la situación externa modifica radicalmente la realidad judía muchas veces la Ley, en su formato de código legal, se convierte en un freno y no en un camino, para acercarnos a D-s, o para intentar cumplir Su voluntad. Muchas veces para ser fieles al llamado de D-s debemos anular, aunque sea temporalmente, o de una vez para siempre, alguna de las innumerables leyes que son enumeradas en los códigos legales judíos.
El salmo 119:126 dice: “Es tiempo para actuar para D-s, porque la Ley ha sido quebrada”.  Muchos sabios han entendido e interpretado este pasaje como queriendo significar que en ciertos momentos para actuar en nombre de D-s es menester quebrar Su propia Ley. El ejemplo paradigmático fue la decisión de los sabios judíos en el siglo II de poner por escrito la Ley Oral, algo que siempre estuvo prohibido. Debía existir la Ley escrita, la Torá, y la Ley Oral, una enseñanza que se transmitía de generación en generación, pero ésta nunca debía pasar a ser escrita. Sin embargo los sabios evaluando la persecución de los judíos y la amenaza de que toda la Ley Oral pudiera ser olvidada decidieron actuar para D-s, aboliendo la Ley que prohibía poner por escrito aquella transmisión oral. Hay momentos de la historia que el espíritu religioso nos llama a abolir o a suspender la Ley divina.
En nuestra parashá, Moshé relata como él mismo rompe las tablas al enojarse por la idolatría del pueblo de Israel.  Reish Lakish, en el mismo pasaje citado más atrás, comenta el versículo y jugando con las palabras en hebreo dice (en boca de D-s): Iesher Koaj Seshibarta, bien hecho al haberlas roto. Reish Lakish dice que D-s en el momento que Moshé quiebra las tablas no se enoja con él sino que le dice: bien hecho. Celebra la anulación de la Ley para que la misma pueda volver a crearse. Hay tiempos donde las tablas debían quebrarse para que unas nuevas tablas puedan volver a escribirse. 
La modernidad, sin dudarlo, marcó un quiebre de hecho con el mundo judío medieval. Las doctrinas religiosas y las leyes que se desarrollaron durante la Edad Media han sido afectadas por los cambios en la cosmovisión del hombre moderno y posmoderno. La halajá, como el corpus normativo judío, sigue teniendo vigencia y relevancia. Las normativas con respecto al Shabat, a la construcción de la Sucá, a la forma del Shofar o la mayoría de las reglamentaciones rituales, casi no se alteraron desde la entrada a la modernidad. Y, en mi criterio, está bien que así sea. Mas para que la Ley judía siga teniendo vigencia e interpele al hombre posmoderno es necesario, en ciertos casos, anular una parte de la Ley para que toda, en su conjunto, pueda sobrevivir.
Hace 3500 años que el judaísmo se reinventa a sí mismo en cada generación, en cada tiempo y en cada lugar; pero siempre con una característica. Siempre miramos hacia el futuro sin desentendernos del pasado. Es quizás nuestro deber en nombre de D-s anular ciertas normas para que el judaísmo pueda seguir siendo una propuesta religiosa significativa, mas el pasado no debe ser borrado. Mirando hacia adelante no debemos borrar el pasado. La Torá, continúa enseñando nuestra parashá, enfatiza que Moshé colocó tanto las tablas rotas como las nuevas tablas en el arca. Las tablas rotas, testimonio del pasado, no fueron desechadas sino que fueron incorporadas junto a las nuevas tablas, testimonio del futuro, en el arca, símbolo del refugio espiritual del pueblo judío.

Uriel Romano

GALEGO

Certas veces para cumprir a Lei hai que desobedecerla. A calquera avogado de tendencia conservadora ou a calquera legalista esta frase resultaríalle particularmente problemática. Con todo, entende a tradición xudía, que para salvar á lei na súa totalidade certas leis particulares deben ser anuladas nun momento imperante. O sabio Reish Lakish, comentando un versículo de Parashat Ekev, di (Talmud, Menajot 99a): Hai ocasións onde a supresión da Torá convértese no seu fundamento. Hai veces que para poder observar a Torá, a mesma debe ser anulada.
A tradición xudía, leva máis de 3500 anos acumulando costumes, tradicións e normativas. As mesmas involucran case a totalidade da vida dun xudeu. En tempos de normalidad o sistema legal xudeu, a halajá, funciona con fluidez sen demasiados ?conflitos?; mais cando a situación externa modifica radicalmente a realidade xudía moitas veces a Lei, na súa formato de código legal, convértese nun freo e non nun camiño, para achegarnos a D-s, ou para intentar cumprir A súa vontade. Moitas veces para ser fieis ao chamado de D-s debemos anular, aínda que sexa temporalmente, ou dunha vez para sempre, algunha das innumerables leis que son enumeradas nos códigos legais xudeus.
O salmo 119:126 di: ?É tempo para actuar para D-s, porque a Lei foi crebada?. Moitos sabios entenderon e interpretado este pasaje como querendo significar que en certos momentos para actuar en nome de D-s é menester crebar A súa propia Lei. O exemplo paradigmático foi a decisión dos sabios xudeus no século II de poñer por escrito a Lei Oral, algo que sempre estivo prohibido. Debía existir a Lei escrita, a Torá, e a Lei Oral, un ensino que se transmitía de xeración en xeración, pero esta nunca debía pasar a ser escrita. Con todo os sabios evaluando a persecución dos xudeus e a ameaza de que toda a Lei Oral puidese ser esquecida decidiron actuar para D-s, aboliendo a Lei que prohibía poñer por escrito aquela transmisión oral. Hai momentos da historia que o espírito relixioso chámanos a abolir ou a suspender a Lei divina.
Na nosa parashá, Moshé relata como el mesmo rompe as táboas ao enojarse pola idolatría do pobo de Israel. Reish Lakish, no mesmo pasaje citado máis atrás, comenta o versículo e xogando coas palabras en hebreo di (en boca de D-s): Iesher Koaj Seshibarta, ben feito ao habelas roto. Reish Lakish di que D-s no momento que Moshé creba as táboas non se enoja con el senón que lle di: ben feito. Celebra a anulación da Lei para que a mesma poida volver crearse. Hai tempos onde as táboas debían crebarse para que unhas novas táboas poidan volver escribirse.
A modernidad, sen dubidalo, marcou un crebe de feito co mundo xudeu medieval. As doutrinas relixiosas e as leis que se desenvolveron durante a Idade Media foron afectadas polos cambios na cosmovisión do home moderno e posmoderno. A halajá, como o corpus normativo xudeu, segue tendo vixencia e relevancia. As normativas con respecto ao Shabat, á construción da Sucá, á forma do Shofar ou a maioría das reglamentaciones rituais, case non se alteraron desde a entrada á modernidad. E, no meu criterio, está ben que así sexa. Mais para que a Lei xudía siga tendo vixencia e interpele ao home posmoderno é necesario, en certos casos, anular unha parte da Lei para que toda, no seu conxunto, poida sobrevivir.
Fai 3500 anos que o judaísmo se reinventa a si mesmo en cada xeración, en cada tempo e en cada lugar; pero sempre cunha característica. Sempre miramos cara ao futuro sen desentendernos do pasado. É quizais noso deber en nome de D-s anular certas normas para que o judaísmo poida seguir sendo unha proposta relixiosa significativa, mais o pasado non debe ser borrado. Mirando cara a adiante non debemos borrar o pasado. A Torá, continúa ensinando nosa parashá, enfatiza que Moshé colocou tanto as táboas rotas como as novas táboas no arca. As táboas rotas, testemuño do pasado, non foron desechadas senón que foron incorporadas xunto ás novas táboas, testemuño do futuro, no arca, símbolo do refuxio espiritual do pobo xudeu.

Uriel Romano


PORTUGUES


Certas vezes para cumprir a Lei há que desobedecerla. A qualquer advogado de tendência conservadora ou a qualquer legalista esta frase resultar-lhe-ia particularmente problemática. No entanto, entende a tradição judia, que para salvar à lei em sua totalidade certas leis particulares devem ser anuladas num momento imperante. O sábio Reish Lakish, comentando um versículo de Parashat Ekev, diz (Talmud, Menajot 99a): Há ocasiões onde a supresión da Torá se converte em seu fundamento. Há vezes que para poder observar a Torá, a mesma deve ser anulada.
A tradição judia, leva mais de 3500 anos acumulando costumes, tradições e normativas. As mesmas envolvem quase a totalidade da vida de um judeu. Em tempos de normalidade o sistema legal judeu, a halajá, funciona com fluidez sem demasiados ?conflitos?; mas quando a situação externa modifica radicalmente a realidade judia muitas vezes a Lei, em seu formato de código legal, se converte num travão e não num caminho, para nos acercar a D-s, ou para tentar cumprir Sua vontade. Muitas vezes para ser fiéis ao chamado de D-s devemos anular, ainda que seja temporariamente, ou de uma vez para sempre, alguma das inumeráveis leis que são enumeradas nos códigos legais judeus.
O salmo 119:126 diz: ?É tempo para actuar para D-s, porque a Lei foi avariada?. Muitos sábios entenderam e interpretado este bilhete como querendo significar que em certos momentos para actuar em nome de D-s é menester avariar Sua própria Lei. O exemplo paradigmático foi a decisão dos sábios judeus no século II de pôr por escrito a Lei Oral, algo que sempre esteve proibido. Devia existir a Lei escrita, a Torá, e a Lei Oral, um ensino que se transmitia de geração em geração, mas esta nunca devia passar a ser escrita. No entanto os sábios avaliando a perseguição dos judeus e a ameaça de que toda a Lei Oral pudesse ser esquecida decidiram actuar para D-s, abolindo a Lei que proibia pôr por escrito aquela transmissão oral. Há momentos da história que o espírito religioso nos chama a abolir ou a suspender a Lei divina.
Em nossa parashá, Moshé relata como ele mesmo rompe as tabelas ao se enojar pela idolatria do povo de Israel. Reish Lakish, no mesmo bilhete citado mais atrás, comenta o versículo e jogando com as palavras em hebreu diz (em boca de D-s): Iesher Koaj Seshibarta, bem facto ao as ter rompido. Reish Lakish diz que D-s no momento que Moshé avaria as tabelas não se enoja com ele senão que lhe diz: bem feito. Celebra a anulação da Lei para que a mesma possa voltar a se criar. Há tempos onde as tabelas deviam se avariar para que umas novas tabelas possam voltar a se escrever.
A modernidad, sem duvidá-lo, marcou um avarie de facto com o mundo judeu medieval. As doutrinas religiosas e as leis que se desenvolveram durante a Idade Média foram afectadas pelas mudanças na cosmovisión do homem moderno e posmoderno. A halajá, como o corpus normativo judeu, segue tendo vigencia e relevancia. Os regulamentos com respeito ao Shabat, à construção da Sucá, à forma do Shofar ou a maioria das regulamentações rituales, quase não se alteraram desde a entrada à modernidad. E, em meu critério, está bem que assim seja. Mas para que a Lei judia siga tendo vigencia e interpele ao homem posmoderno é necessário, em certos casos, anular uma parte da Lei para que toda, em seu conjunto, possa sobreviver.
Faz 3500 anos que o judaísmo se reinventa a si mesmo na cada geração, na cada tempo e na cada lugar; mas sempre com uma característica. Sempre olhamos para o futuro sem desentendernos do passado. É quiçá nosso dever em nome de D-s anular certas normas para que o judaísmo possa seguir sendo uma proposta religiosa significativa, mas o passado não deve ser apagado. Olhando para adiante não devemos apagar o passado. A Torá, continua ensinando nossa parashá, enfatiza que Moshé colocou tanto as tabelas rompidas como as novas tabelas no arca. As tabelas rompidas, depoimento do passado, não foram eliminadas senão que foram incorporadas junto às novas tabelas, depoimento do futuro, no arca, símbolo do refúgio espiritual do povo judeu.

Uriel Romano